Propiedades esenciales: distinción clásica vs analítica contemporánea.
Es controvertido el análisis de que es una
propiedad esencial en un individuo u objeto. Solemos entender que una
propiedad esencial es un atributo de mayor nivel o jerarquía que otros. Usamos
estas palabras de forma usual, por ejemplo, cuando alguien señala que el hombre
es un animal racional por esencia, pero a su vez, que el ser blanco, delgado o
de ojos grises no son propiedades que le son de suyas por esencia.
Esta intuición parece captarla, de forma primitiva, Locke en el Ensayo sobre el Entendimiento Humano:
se puede considerar que la esencia es cualquier cosa, en virtud de lo cual es lo que es. (Libro III, Capítulo 3, §15)
Tomás de Aquino, por su parte, desarrolló su propia teoría de la esencia, caracterizándolo como "aquello a través de lo cual algo es un cierto tipo de ser", y mediante estas (las esencias) uno puede aprehender de forma inteligible qué es una cosa en específico. Por ejemplo, para entener qué es un ser humano, uno deberá aprehender intelectualmente la esencia de la humanidad -aquello que te constituye como humano. A veces también es refereido el término esencia como intercambiable por el término naturaleza.
Así Feser, desarrollando la metafísica de la esencia tomista escribe un esbozo de qué entender por esencia:
Es parte de la esencia de un triángulo que tenga tres lados rectos, pero no es parte de la esencia que se dibuje con tinta azul, roja o cualquier otro color en particular. Por eso un triángulo sigue siendo un triángulo sea del color que sea, pero no puede seguir existiendo si pierde uno de sus lados. (2009, pág. 19).
Entendiendo la esencia como propiedades constitutivas de un determinado individuo, las cuales poseerían un estatuto ontológico superior a otras, en este caso, la propiedad de tener tres lados en un triángulo es de alguna la propiedad superior o más fundamental, sobre la que otras como la de ser dibujado con color azul, o ser plasmado en una hoja bond, se pueden o no instanciar sin alterar aquellas propiedades fundamentales.
No obstante, la tradición analítica ha hecho lo suyo en su búsqueda por una caracterización adecuada de la esencia. En el terreno anglosajón lo que se ha solido dar, de
forma convencional, es un entendimiento de lo que es una propiedad esencial de un objeto
en función a conceptos modales de necesidad y contingencia. El análisis de la esencia reducido a términos modales. De esta forma,
George Edward Moore en External and Internal Relations señala que una
propiedad P es interna a A (lo cual entendemos como esencial, en este contexto)
en caso de que:
(x=A) → xP
Leyéndose, señala señala Moore, como una implicancia necesaria y que se da en todos los mundos posibles:
A no podría haber existido en ningún mundo posible sin tener P (1919, pág. 54)
Aún así, este tipo de entendimiento no es
propio únicamente de la tradición analítica contemporánea. Hemos visto autores
clásicos, como Mill, quienes entendía las propiedades esenciales en este
sentido también. Así lo expresa en A System of Logic:
La esencia de una cosa, se dice, es aquello sin lo cual la cosa no podría ser ni concebirse que sea. Así, la racionalidad era de la esencia del hombre, porque sin racionalidad, el hombre no podría ser concebido para existir […] Todas las propiedades, las que no son la esencia de la cosa, se nombraron accidentes; lo cual se suponía que no tenían nada en absoluto, o nada comparativamente, que ver con su naturaleza más íntima” (Libro I, Capítulo 6, §2)
Otros como Aristóteles, aunque no dan una caracterización estrictamente modal de las propiedades esenciales, si ha entendido en dichos términos íntimamente relacionados. Por ejemplo, definiendo así el accidente en el Órganon:
Accidente es lo que no es ninguna de esas cosas: ni definición, ni propio, ni género, pero se da en un objeto; y también lo que puede darse y no darse en una misma cosa, v.g.: el estar sentado puede darse y no darse en una misma cosa; de manera semejante también lo blanco: pues nada impide que la misma cosa sea unas veces blanca y otras veces no. (102b3-9)
De esta manera es como se ha consolidado la definición ortodoxa de una propiedad esencial, que sería una propiedad que le acompaña en todos los mundos posibles a un determinado individuo cada vez que ese individuo exista. El paradigma se encuentra en Alvin Plantinga:
qué es para un objeto x tener una propiedad P esencialmente: Sócrates tiene P esencialmente si y sólo si [...] Sócrates tiene P y lo tiene en cada mundo en el que existe. (1974, pág. 55).
En cualquier caso sea el consenso analítico, como Edward Feser ha notado en Aquinas: A beginners guide (pág. 19) que, aunque este análisis modal sea muy ortodoxo, es distinto al análisis clásico:
Este tipo de consideración ha llevado a algunos filósofos analíticos contemporáneos a pensar en la esencia de una cosa definida en términos de las características que exhibiría en todos los mundos posibles [...] Es importante enfatizar que esta forma contemporánea de esencialismo [. ..] es [...] muy diferente de la forma aristotélica de esencialismo adoptada y desarrollada por Tomás de Aquino
Siendo un análisis distinto aquellos desarollados por Aquino o Locke a los propuestos por filósofos como Plantinga, Kripke o Putnam.
Un contraejemplo
Kit Fine en Essence and Modality ha planteado
un contraejemplo interesante al análisis modal de la esencia.
Pensemos en Sócrates. Es necesario, según las
visiones estándar de teoría modal de set, que Sócrates pertenezca a un set que
pose a Sócrates como único miembro de dicho set, llamemos a dicho set Sócrates-solitario,
siendo así que cada vez que en un mundo posible existe Sócrates, entonces en
dicho mundo posible, necesariamente, Sócrates pertenece al set de Sócrates-Solitario.
Así es como podemos deducir que es necesario que Sócrates pertenezca a
dicho set, esto es, que tenga la propiedad de pertenecer al set de manera
necesario. Siguiendo el análisis ortodoxo de la esencia, concluimos que está en
la esencia de Sócrates el pertenecer al set de Sócrates-Solitario.
Pero Fine nota que esto es contraintuitivo, y
es que no parece haber nada en la naturaleza de Sócrates que nos diga que en su
esencia yace pertenecer a un set determinado u otro, o siquiera a pertenecer a
algún set en general.
En la literatura de identidad personal, por
ejemplo, cuando se pregunta si somos esencialmente animales, almas, un
compuesto de ambos, cerebros o si no somos más que constitutivos particulares
simples, nadie se pregunta a cuál set pertenecemos. Así escribe Fine:
Por lo tanto, según el criterio
modal, Sócrates pertenece esencialmente a Sócrates-Solitario. Pero,
intuitivamente, esto no es así. No forma parte de la esencia de Sócrates
pertenecer Sócrates-Solitario. Por extraña que pueda ser la literatura sobre la
identidad personal, nunca se ha sugerido que para comprender la naturaleza de
una persona uno debe saber a qué conjuntos pertenece. No hay nada en la
naturaleza de una persona, si se me permite decirlo así, que exija que
pertenezca a tal o cual conjunto o que exija, dado que la persona existe, que
incluso existan conjuntos. (1994, pág. 4-5).
Posteriormente Fine, de forma más controvertida
quizás, plantea otro contraejemplo sin apelar a entidades abstractas. Pensemos
en dos objetos de naturalezas desconectadas, por ejemplo, la torre Eiffel y
Sócrates. Es necesario que Sócrates y la torre Eiffel sean distintos, pero aún
así nada nos hace pensar que está en la esencia de Sócrates el ser distinto a
la torre Eiffel, al final de cuentas son dos objetos totalmente desconectados y
nada en sus naturalezas aparenta conectarlos de alguna forma especial. Pero, y
ahí el contraejemplo, si aceptamos el análisis modal de la esencia como traducible
a “propiedad que se instancia en todos los mundos posibles” tendríamos que
aceptar que sí está en la esencia de Sócrates ser distinto a la torre Eiffel,
lo cual se sugiere es contraintuitivo.
No estoy seguro de si me veo convencido por esto, pero siempre es divertido leer cosas que van contra los consensos.
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